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Optimistas y pesimistas

Optimistas y pesimistas

Siempre me ha admirado la capacidad de síntesis anglosajona, y especialmente la norteamericana. Ella permite, entre otras cosas, comunicar con claridad y contundencia.

Un buen ejemplo lo encuentro en Benjamin Graham, "padre" de la "inversión en valor", que Warren Buffett ha practicado durante toda su vida profesional. Graham publicó en 1949 El inversor inteligente, que es un compendio sobre la "inversión en valor". Consta de 20 capítulos, y su edición española (de la editorial Deusto) ocupa 613 páginas. De él ha dicho Warren Buffett que "sin lugar a dudas, es el mejor libro sobre inversión jamás escrito".

Pues bien, Graham es capaz de resumir en una sola frase de 9 palabras quién es el inversor inteligente: es "el que compra a pesimistas y vende a optimistas".

Desde hace tiempo, esta frase me ha hecho reflexionar mucho, aplicándola a diversos ámbitos de la vida.

Para mí, la enseñanza fundamental en el terreno empresarial consiste en caer en la cuenta de lo peligroso que es tener una percepción incompleta de la realidad, y dejarse llevar por esa "propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable" (o desfavorable).

Ser inteligente es "entender" los riesgos y las oportunidades, y emprender es ser capaz de buscar las unas a pesar de los otros, corriendo riesgos calculados.

Antes de la "crisis" (o mejor del "cambio de modelo", pero eso será motivo de un futuro post), reinaba un clima de optimismo generalizado, que condujo a numerosas decisiones personales y empresariales erróneas, pasando por alto riesgos que eran cada vez mayores.

Sin embargo, hoy la ley del péndulo nos ha conducido al extremo contrario, donde el sesgo pesimista dificulta ver las oportunidades existentes, que "haberlas haylas". El otro día, un cliente nos comentaba que en un famoso foro todos los empresarios asistentes eran pesimistas y se aferraban a la internacionalización casi como única alternativa de crecimiento.

La prueba de que estamos convencidos de que hay oportunidades aquí y ahora es el nacimiento de este nuevo proyecto llamado Criteria Advisors.

Un aforismo lo explica muy bien: "el pesimista se queja del viento, el optimista piensa que pasará pronto, y el inteligente ajusta las velas".

Yo particularmente, antes que de optimismo prefiero hablar de emociones para mí más queridas, como la esperanza en el futuro, la confianza en las propias capacidades o la alegría que nace de valorar lo que uno tiene y de creer y disfrutar con lo que hace.

Hasta aquí mi reflexión. Te animo a que ahora empiece la tuya. ¿Eres optimista? ¿Pesimista? ¿Inteligente?
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